30.9.16

¿Porqué los pobres votan a la derecha?

"(...) ¿Porqué los pobres votan a la derecha?, se pregunta Thomas Frank desde el título mismo de su libro. ¿Por qué enormes sectores de votantes “pobres” apoyan a sus enemigos de clase, a aquellos que reducen los impuestos de los ricos y acaban con las políticas y los servicios sociales que les ayudarían, a los pobres, a sobrellevar sus situaciones de pobreza y precariedad?

Frank explica, en parte, esta paradoja –que no es solo americana– por la “inseguridad económica desencadenada por el nuevo capitalismo, que ha conducido a una parte del proletariado y de las clases medias a buscar la seguridad en otra parte, en un universo moral” más claro y seguro –por cuanto hunde sus raíces en tradiciones heredadas y fuertemente consolidadas en el imaginario popular– que el que ofrecen sus representantes objetivamente más cercanos. 

Es decir, que es en el terreno de los “valores” en donde han ganado la batalla; y al analizar lo que ha pasado en Gran Bretaña con el Brexit, o lo que sucede en Francia con el Frente Nacional, o la campaña de los republicanos o de Donald Trump en USA, parece que no va tan desencaminado.

Sin embargo, en España hoy no es esa la razón fundamental, sino que la explicación del fenómeno, tal como le escuché decir recientemente a Antón Losada en una mesa sobre la situación política actual y las posibilidades de cambio en Galicia este septiembre, las causas de la hegemonía de la derecha en su comunidad y en el resto del estado son dos: en primer lugar, la unidad del bloque conservador, en el que la aparente disidencia de Ciudadanos, como se ha comprobado, ha sido apenas un espejismo; y en el que, cuando realmente se les necesita, tanto la antigua Convergencia, como el PNV, acuden puntualmente al rescate (véanse sus trayectorias en el Congreso). 

Luego está la claridad del mensaje político, económico y social transmitido por el PP y sus adláteres, un mensaje claro tanto en su formulación como en los fundamentos ideológicos sobre el que se construye.

Todo esto frente a un bloque de izquierdas dividido y fragmentado, que, además, no tiene ningún discurso claro, ni tampoco un mensaje creíble, factible y homogéneo (no uniforme, pero sí, al menos, homogéneo) que transmitir a esa mayoría social que determina los vaivenes electorales y marca el éxito o el fracaso de las políticas económicas y sociales. 

 Pues lo que hay, por lo común, son propuestas aquí y allá, según los territorios, diversas y dispares, matices sin cuento, contradicciones flagrantes, miedos naturales o infundados, junto a alegrías populistas, que se entremezclan e impugnan entre sí, hasta confundir y disuadir a los potenciales receptores de sus mensajes; y no digamos nada sobre los cimientos ideológicos sobre los que este potpurrí se levanta: ninguno o variadísimos, según se vea; pues a los cimientos neoliberales sobre los que se construye el mensaje del bloque de derechas –y, tal como sostiene David Harvey, el neoliberalismo es un auténtico proyecto político, en realidad, el único proyecto político que hay hoy sobre el tablero social y político internacional– ¿qué cimientos, qué proyecto opone la izquierda?, ¿un neoliberalismo de “rostro humano” o un keynesianismo descafeinado, en el mejor de los casos, como quiere el PSOE?, ¿un keynesianismo más radical o una “democracia económica”, al estilo del profesor David Schweickart, o un proyecto inclinado a las estrategias políticas y sociales previstas por Ernesto Laclau, como quieren otros sectores cercanos a IU o del entramado Podemos?; ¿o quizás algo semejante al de la vieja socialdemocracia nórdica y alemana?; ¿o, por el contrario, recetas socialistas clásicas?, ¿o comunistas?, ¿o libertarias?, ¿o radicales, o menos radicales, o adaptadas a las coordenadas de la política europea e internacional, o audazmente rupturistas…? ¿Y respecto de Europa, por cierto, cuál es el mensaje…? En fin, mejor dejarlo (¿o no?) 

Hace unos días, un buen amigo valenciano y excelente a analista de la realidad, resumía la cuestión, a la pata la llana, en estos términos: en España hay aproximadamente veinte millones de potenciales trabajadores, quince o dieciséis trabajan, de los que trabajan, cinco o seis millones viven en la pobreza precaria, y el resto, unos diez u once millones, ganan salarios que les permiten vivir, a unos más y a otros menos, razonablemente bien; esos diez u once millones bloquean cualquier posibilidad de cambio radical; teniendo en cuenta que de los otros, de los pobres precarios, una buena parte o no votan o ni siquiera son activos social y políticamente, ¿qué se puede esperar?

Se pueden matizar y afinar las cifras y consideraciones, pero, me temo que por ahí van las cosas. Esa masa de trabajadores que aún mantienen un cierto “nivel de vida”, que suplen todavía el deterioro y desmantelamiento de los servicios públicos y del estado del bienestar mediante la apelación a servicios privados compensatorios, hacen sus cuentas y “virgencita mía que me quede como estoy”; y no es que sean gilipollas o no tengan conciencia de lo que pasa, pues la tienen y muy clarita. No es eso, y no entenderlo desde determinados sectores izquierdistas poco atentos a la realidad real, o infantilizados, es fatal.

Los mismos sectores en los que se da, a menudo, esa especie de “simulación de confrontación”, en la que el melancólico papel del “eterno perdedor” no sería otra cosa que una auténtica zona de confort existencial desde la que defenderse de la frustración que nos embarga.

 De ahí mi aversión a la necia mitificación y mistificación del perdedor entre nuestras filas. En el arte y en la realidad, odio la figura del perdedor por vocación, pues así nos quieren y así nos han convencido de que tenemos que ser. Y algunos lo han interiorizado tanto que ya no saben ni ganar, cuando lo pueden hacer, ni reconocer la victoria, cuando la han alcanzado.  (...)

Unidos Podemos, o lo que dé en los distintos territorios, o a escala estatal, es “un espacio político con enorme potencial de transformación”, tal como afirmó Alberto Garzón en su carta a los militantes de IU, tras comprobar su desafección a la fórmula pactada con Pablo Iglesias. Y es verdad, y es justo esa otra parte de la organización de IU, representada por él, esa parte que ha sabido leer la nueva realidad  (...)

Como destaca Ricardo Martín Santos en uno de los más certeros análisis que he leído, en Viento Sur, “Cambio de ciclo, nuevas hipótesis, nuevas oportunidades”, esta aparente derrota de Unidos Podemos puede convertirse –si sabemos digerirla, y manejar sus efectos con calma y convenientemente– en una verdadera oportunidad de cambio hacia escenarios muy diferentes a los actuales e insospechados a lo largo de los próximos años. 

Si lo logramos, o si al menos vamos en esa dirección, el 26J no habrá sido más que un punto de inflexión hacia algo realmente nuevo. Algo que no abrirá el camino a una revolución, pero sí a una sacudida del sistema que abrirá grietas y fisuras irrestañables en sus pilares. 

Por lo demás, y aunque no se comparta lo dicho hasta aquí, sí es sencillo de entender que es propio de necios castigarse a uno mismo, creyendo que así castigas a tu verdugo. Eso por si el día de Navidad tenemos que ir a votar con las panderetas y las zambombas en la mano."              (Matías Escalera Cordero , Rebelión, 28/09/16)

“Hay dos soluciones a los refugiados: la civilizada y la de extrema derecha”... pero “la Unión Europea está legitimando el discurso del odio”

"(...) Para los que creen en la Unión Europea, para quienes Europa es un sueño, como es mi caso, lo que está pasando te avergüenza. El sueño se empezó a topar con el tratado de Maastricht, que proponía una Europa estrictamente economicista.

 Pensaba que íbamos a llegar a una Europa política y nos presentaron una Constitución que era en realidad un plan de ajuste estructural de los países, sin visión de futuro. Cuando llegó la crisis todo eso estalló.

Hemos visto que Europa estaba totalmente desunida, no hemos tenido una política común para manejar los efectos del euro, que han sido gestionados solo por Alemania y Francia, con dos jefes de Estado decidiendo solos e imponiendo sus decisiones al resto y una política de austeridad que ha incrementado los efectos de la crisis en vez de combatirlos, lo que ha producido más de 12 millones de parados.

Después de eso, la crisis de los refugiados, ahora el Brexit... Está claro que hay un problema de solidaridad intereuropea y yo me temo que si los europeístas de verdad no toman las riendas del futuro de la UE podemos acabar con el proyecto.

Creo en la necesidad absoluta de revisarlo y poner por encima de todo dos elementos clave: primero, tratar de solucionar los problemas de Europa en el mundo y tener una política común de gestión de las fronteras, frente a los grandes problemas de seguridad.

 Y por otro lado, poner en el centro de la UE la aceptación de valores comunes que tienen que ver no solamente con los refugiados y con la demanda de solidaridad internacional, sino también con el modelo económico que elijamos. Necesitamos un modelo socioecológico mucho más desarrollado para que la gente pueda creer que Europa es una solución y no un problema.  (...)

R. El auge de la extrema derecha hoy no es debido a los refugiados. Los refugiados son el combustible de los partidos de extrema derecha para desarrollarse. El problema fundamental es el económico y social: la destrucción de servicios públicos precisamente por la política ultraliberal de Merkel y su partido que han impuesto a países como Italia, Grecia, España. Esto supone un divorcio cada vez más grande de la ciudadanía con esa política. Y lo que pasa con los inmigrantes y los refugiados es emblemático.  (...)

Ahora hay tres peligros muy importantes. Primero, cómo se va a gestionar el Brexit, porque va a servir de ejemplo para muchos otros países si no somos capaces de proponer algo nuevo para los europeos. Segundo, cómo gestionar la cuestión de los refugiados. Y el problema es sencillo: o de manera civilizada o no civilizada. No hay otra solución.(...)

¿Lo vamos a solucionar con los argumentos de la extrema derecha o con los argumentos de la solidaridad y civilización? Tercero: cómo solucionar el tema económico. Es imposible hoy volver a una política de pleno empleo si no somos capaces de integar la dimensión ecologista, social, medioambiental. Hay que relanzar la industria, pero qué tipo de industria.

En el libro enfoco la cuestión de los refugiados porque ahí hemos visto pisoteados todos los valores europeos. Y no es una cuestión de solidaridad, sino de derecho internacional que la UE ha aprobado en sus textos fundamentales.

P. ¿Pero hay algún país que esté acatando esta legalidad?

R. No hay ninguno, pero hay unos que lo hacen más que otros (...)
P. Usted ha escrito que hace falta "un choque eléctrico" para que Europa despierte. ¿Como cuál?

R. Creo que ahora Europa sigue existiendo únicamente y solo porque el eje franco-alemán, sigue existiendo aunque esté en crisis. Y creo que en realidad, mientras los alemanes y los franceses no se pongan de acuerdo en qué hay que hacer en el futuro, mientras no pongan sobre la mesa sus divergencias, estaremos en una crisis latente. 

El país que podía contribuir a eso era Inglaterra, pero decidió dejar el barco. El choque eléctrico sería que eso estallara de una u otra forma. Que en Francia o en Alemania llegue un Gobierno que diga: "Basta". Los franceses siempre estuvieron en contra de política de austeridad, incluso la derecha, pero la han aceptado. (...)

P. ¿Hay motivos para el optimismo?

R. Europa es muy viva políticamente. Avanzamos a base de crisis. Tendremos cada vez que plantearnos la cuestión de elegir civilización o barbarie, como sucede con los refugiados. (...)"          (Entrevista a Sami Naïr, El País, 21/09/16)
"(...) P. Denuncia, además, que en el tratado entre Alemania y Turquía se haya sustituido la palabra “refugiado” por “inmigrante”. ¿Qué implicaciones tiene esto?

R.
La diferencia es fundamental. Un inmigrante irregular puede ser expulsado —aunque desde el punto de vista esto es otro tema—, pero un refugiado pide socorro y existe la obligación legal de ayudarlo. Esto es una violación de al menos 10 documentos fundamentales.

P. Sitúa la crisis de los refugiados en un contexto de deriva moral de la Unión Europea. ¿Qué efecto tienen estas políticas sobre los valores europeos?

R. Supone un daño fundamental. Lo más desastroso es que los países de la Unión estén naturalizando ante sus poblaciones que violar los derechos es algo normal cuando la situación económica o política lo requiere. De ahí a que una parte de la población se comporte de manera peligrosa, que crezca la extrema derecha y la intolerancia, hay una línea directa. Objetivamente, la Unión Europea está legitimando el discurso del odio.  (...)

P. ¿Qué filosofía ve detrás de esta política migratoria? R. La idea era que podemos construir en Europa, protegidos por ese muro, un mundo rico y próspero. Cerrar un territorio, como quiere hacer ahora Trump, es una utopía negativa: no solo es malo, sino que es imposible. Además, aquí no se ha conseguido crear ese mundo rico, porque el desarrollo de Europa ha supuesto una destrucción de los acervos sociales. Sí se ha conseguido, en cambio, una polarización del continente: unos países que se aprovechan de esta situación, como Alemania, y otros que sufren enormemente.

P. Y defiende que ese muro no funcionó.

R
. No. A partir del momento en que ponen en pie el Muro de Schengen, los flujos migratorios crecieron, y con ellos las mafias organizadas. El sistema europeo consiste en que los estados gestionen la legalidad dejando a las mafias la gestión de las ilegalidades. Claro, que esto no funciona así con los capitales, de los que se acepta que la circulación sea mundial. Los europeos han pensado que podían protegerse del sur, pero el sur está dentro de Europa.  (...)

R. Porque hay una contradicción fundamental en la Unión Europea, que no puede ser fiel a sus valores fundamentales con el sistema económico que ha adoptado. No podemos decir a los Gobiernos que respeten los criterios de Maastricht —menos del 3% de déficit, menos del 90% de deuda pública y menos del 2% de inflación; lo que significa recortes, recortes y recortes— y pregonar la importancia de los valores. El sistema económico destruye el sistema de valores, esa política ahoga la solidaridad.

P. Usted propone crear un “pasaporte de tránsito” para que los refugiados puedan moverse libremente por Europa. ¿Esa idea cabe dentro de las leyes europeas?

R
. De hecho, legalmente no es una innovación. Existe. El Parlamento Europeo ha avanzado la idea de un visado humanitario, cosa que apoyo, aunque depende del primer país de acogida y de los países que quieran otorgarlo. Además no es vinculante, como todas las decisiones del Parlamento Europeo, el único del mundo que no hace leyes.

P. ¿Existe algún precedente de lo que usted propone?

R
. Esta idea no me la he inventado yo, sino el explorador Fridtjof Nansen, Premio Nobel por su defensa de las víctimas de la I Guerra Mundial, que había cambiado las fronteras de los estados y provocado un gran número de desplazados.
Él propuso otorgar a esa gente un documento que les permitiera viajar por todo el continente. Se llamó pasaporte Nansen y se nombra en Convención de la ONU de 1951. Mi idea tiene que ver con eso, y sería un documento adoptado por la Comunidad Europea y por la Unión.  (...)

P. Cierra el libro con un capítulo titulado “La esperanza siempre vuelve”. ¿A qué se debe este optimismo?

P
. Hay refugiados en Turquía, en Hungría, en República Checa. Miles y miles y miles de personas. ¿Van a quedarse encerrados ahí toda su vida? ¿Vamos a expulsar a todos a un país en conflicto? Va a llegar un momento, muy pronto, en que habrá que liberar a esa gente, no hay otra opción. Confío en la fuerza de la realidad."                 (Entrevista a Sami Nair, Info Libre, en  Rebelión, 22/09/16)

¿Cómo es posible que un personaje tan lamentables como Trump consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Porque rechaza los recortes neoliberales en materia de seguridad social, los tratados de la globalización y quiere aumentar significativamente los impuestos a los corredores de Wall Street

"(...) Hay que entender que, desde la crisis financiera de 2008 (de la que aún no hemos salido), ya nada es igual en ninguna parte. Los ciudadanos están profundamente desencantados. La propia democracia, como modelo, ha perdido credibilidad. Los sistemas políticos han sido sacudidos hasta las raíces.

 En Europa, por ejemplo, se han multiplicado los terremotos electorales (entre ellos, el brexit). Los grandes partidos tradicionales están en crisis. Y en todas partes percibimos subidas de formaciones de extrema derecha (en Francia, en Austria y en los países nórdicos) o de partidos antisistema y anticorrupción (Italia, España). 

El paisaje político aparece radicalmente transformado.
Ese fenómeno ha llegado a Estados Unidos, un país que ya conoció, en 2010, una ola populista devastadora, encarnada entonces por el Tea Party. La irrupción del multimillonario Donald Trump en la carrera por la Casa Blanca prolonga aquello y constituye una revolución electoral que ningún analista supo prever. (...)

Para muchos electores irritados por lo “políticamente correcto”, que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la “palabra libre” de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo.

A ese respecto, el candidato republicano ha sabido interpretar lo que podríamos llamar la “rebelión de las bases”. Mejor que nadie, percibió la fractura cada vez más amplia entre las elites políticas, económicas, intelectuales y mediáticas, por una parte, y la base del electorado conservador, por la otra. 

Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos y empobrecidos por los efectos de la globalización económica. (...)

Los medios de comunicación han dado gran difusión a algunas de sus declaraciones y propuestas más odiosas, patafísicas o “ubuescas”. Recordemos, por ejemplo, su afirmación de que todos los inmigrantes ilegales mexicanos son “corruptos, delincuentes y violadores”. 

O su proyecto de expulsar a los 11 millones de inmigrantes ilegales latinos a quienes quiere meter en autobuses y expulsar del país, mandándoles a México. O su propuesta, inspirada en Juego de Tronos, de construir un muro fronterizo de 3.145 kilómetros a lo largo de valles, montañas y desiertos, para impedir la entrada de inmigrantes latinoamericanos y cuyo presupuesto de 21.000 millones de dólares sería financiado por el Gobierno de México. 

(...) la principal pregunta que mucha gente se plantea es: ¿cómo es posible que un personaje con tan lamentables ideas consiga una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados? Algo no cuadra. Para responder a esa pregunta ha habido que hendir la muralla informativa y analizar más de cerca el programa completo del candidato republicano y descubrir qué otros puntos fundamentales defiende, silenciados por los grandes medios. Éstos no le perdonan, en primer lugar, que ataque de frente al poder mediático.

 Le reprochan que constantemente anime al público en sus mítines a abuchear a los “deshonestos” medios. (...)

Otra razón por la que los grandes medios de comunicación atacan a Trump es porque denuncia la globalización económica, convencido de que ésta ha acabado con la clase media. Según él, la economía globalizada está fallando cada vez a más gente, y recuerda que, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien remunerados desaparecieron. 

Es un ferviente proteccionista. Propone aumentar las tasas sobre todos los productos importados. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país”, suele afirmar, retomando su eslogan de campaña.

Partidario del brexit, Donald Trump ha desvelado que, si llega a ser presidente, tratará de sacar a EEUU del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés). También arremetió contra el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), y aseguró que, de alcanzar la Presidencia, sacará al país del mismo: “El TPP sería un golpe mortal para la industria manufacturera de Estados Unidos”.

En regiones como el rust belt, el “cinturón de óxido” del noreste, donde las deslocalizaciones y el cierre de fábricas manufactureras han dejado altos niveles de desempleo y de pobreza, este mensaje de Trump está calando hondo. Así como su rechazo de los recortes neoliberales en materia de seguridad social. 

Muchos electores republicanos, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de 65 años, necesitan beneficiarse de la Social Security (jubilación) y del Medicare (seguro sanitario) que desarrolló el presidente Barack Obama y que otros líderes republicanos desean suprimir.

 Trump ha prometido no tocar estos avances sociales, bajar el precio de los medicamentos, ayudar a resolver los problemas de los “sin techo”, reformar la fiscalidad de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que afecta a 73 millones de hogares modestos.

Contra la arrogancia de Wall Street, Trump propone aumentar significativamente los impuestos de los corredores de hedge funds que ganan fortunas y apoya el restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Aprobada en 1933, en plena Depresión, esta ley separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. 

Obviamente, todo el sector financiero se opone absolutamente al restablecimiento de esta medida.
En política internacional, Trump quiere establecer una alianza con Rusia para combatir con eficacia a la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés).

Aunque para ello Washington tenga que reconocer la anexión de Crimea por Moscú. También, contrariamente a muchos líderes de su partido, ha declarado aprobar el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Todas estas propuestas no invalidan en absoluto las inaceptables y odiosas declaraciones del candidato republicano difundidas a bombo y platillo por los grandes medios de comunicación dominantes. Pero sí explican mejor el porqué de su éxito en amplios sectores del electorado estadounidense."             (Ignacio Ramonet, Le Monde Diplomatique Nº: 251 Septiembre 2016, en Attac España, 09/09/16)

El crecimiento de la extrema derecha se basa en la promesa de seguridad que ofrecen a los sectores desprotegidos de la sociedad. La izquierda debe imponer las suyas

"El crecimiento de la extrema derecha se basa, a mi juicio, en la promesa de seguridad que ofrecen a los sectores desprotegidos de una sociedad. Es así como estos proyectos clasistas y xenófobos han conseguido atraer no sólo a la clase trabajadora, perdedora directa de la globalización, sino también a las auto percibidas clases medias, víctimas adicionales de la globalización y la crisis.
Desde el punto de vista teórico, esto es coherente. (...)

Y he aquí la verdadera disputa de nuestro tiempo, a saber, la de qué proyecto político será capaz de articular propuestas de seguridad no basadas en las posiciones de la extrema derecha sino en los valores y principios de la izquierda.

 O, por decirlo de otro modo, qué proyecto político será capaz de crear una alternativa creíble que proporcione seguridad, entendida en su concepción civil y no militar, a la clase trabajadora y, por ende, a la mayoría de la población. La pregunta es obvia: ¿cómo hacerlo? (...)

 Parece obvio, sin crisis económica no hubiera existido el 15M. Pero este movimiento, a su vez, permitió canalizar la frustración y rabia de la gente en una dirección de izquierdas, gracias al esfuerzo de mucha gente por explicar la crisis desde esta perspectiva, y evitó que dichas emociones se cebaran con sectores aún más desprotegidos como son, por ejemplo, los inmigrantes.  (...)

Expliquémoslo. Lo que la indignación del 15M refleja es una crítica difusa y poco consciente al sistema, entendido casi de un modo holístico (abarcando desde lo económico hasta lo político).

 Pero es evidente que detrás de esa indignación se encuentran hondas quejas sobre las condiciones materiales de vida, tanto de la clase trabajadora más popular (y más despolitizada) como de la autopercibida clase media que sufre el desvanecimiento de sus sueños de pequeña burguesía. (...)

Pues bien, esa difusa y poco concreta indignación ha conectado mucho mejor con los mensajes políticos que impugnaban el sistema político y económico y que, además, lo hacían mediante discursos entendibles por la gran masa. Una combinación de contenido duro/rupturista con un discurso claro/entendible. (...)

Es en la vida cotidiana y, sobre todo, en el conflicto, donde se genera la subjetividad o conciencia de clase que permite sumar fuerzas para ganar elecciones y para transformar la sociedad. Y es verdad que la vida cotidiana se ve afectada también por las decisiones institucionales, de ahí que reconozcamos su papel transformador, pero sobre todo por vivencias que van más allá del sistema político en sí. 

Aquí es donde podemos recuperar una de las correctas afirmaciones de Pablo Iglesias que, a mi juicio, es muy necesaria: «la clave es politizar el dolor». Como decía, es en el conflicto social (sea un desahucio, un ERE o los recortes en sanidad y pensiones) donde emergen las contradicciones más agudas entre el sistema económico y la vida misma, y es precisamente ahí donde pueden surgir nuevas subjetividades, es decir, nuevas concepciones del mundo y nuevos comportamientos electorales. El punto central aquí es entender qué significa politizar. 

 Ya sabemos que la gente tiene dolor, como consecuencia del conflicto. Ahora bien, politizar puede entenderse como el desplazamiento de ese dolor al terreno institucional, como cuando el partido opera como simple denunciante o incluso en tanto que, permítaseme el comentario, abogado defensor.

 O podría interpretarse politizar como el proceso por el cual el dolor, que es primario, se convierte en compromiso político, es decir, que asciende hasta la conciencia completa del fenómeno que causa el dolor. A mi juicio, esta última interpretación sería la correcta mientras que la primera sería caer en un error de institucionalización. 

En definitiva, a mi no me parece suficiente ser altavoz de las denuncias surgidas en los conflictos sino que hemos de ser intelectual orgánico para explicar las causas últimas de esos conflictos. Es decir, no se trata sólo de trasladar lo que sucede en la calle al parlamento –que es, de por si, un avance- sino de ir más allá y, además de ser el conflicto mismo, ser capaces de explicar a los afectados y al resto de la clase trabajadora que detrás del fenómeno del conflicto hay una interrelación compleja de causas y responsables que tienen que ver con el sistema económico capitalista y con su cristalización política en los partidos del régimen.  (...)

Obsérvese que en nuestro país ya hemos presenciado ejemplos de estas prácticas. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, por ejemplo, no es sólo la autoorganización de las víctimas de los desahucios y las estafas hipotecarias. 

Más bien es un proyecto de defensa popular que ha contado con dirigentes que han sabido ser conflicto y al mismo tiempo explicar sus causas de tal forma que la rabia de la víctima se elevaba a compromiso político –aunque este compromiso no fuese estrictamente socialista. 

Finalmente, el punto de fuga de todas estas reflexiones nos conduce a la cuestión verdaderamente central: el proyecto político o proyecto de país. Sin un proyecto de país, que es fundamentalmente contenido político, no hay nada que transmitir en el conflicto ni nada que transmitir tampoco en las instituciones. 

Sin un proyecto de este tipo todos estos debates son estériles. Incluso podríamos haber aceptado que las instituciones son altavoces y que la clave está ahí fuera, pero sin un proyecto de país que defender no hay coherencia ni estrategia posible. 

Así, mientras la extrema derecha está ofreciendo una respuesta a las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora, y desgraciadamente con notable éxito, la izquierda anda entretenida en discusiones escolásticas sobre instrumentos y estrategias que provocan que la clase trabajadora y el conjunto de la sociedad no esté entendiendo qué se les ofrece (más allá, en el mejor de los casos, de canalizar su rabia; por supuesto, efímera sensación). 

(...) la clave de afrontar victoriosamente nuestros retos puede reducirse a los siguientes elementos: proyecto político y conflicto social. 

(...)  poner en lo más alto aquello que más importa, es decir, el contenido político que ofrece soluciones concretas a la vida de la clase trabajadora y del pueblo en su conjunto. Eso implica, obviamente, definir y hablar claro; sonar duro y diferente. 

Y con ese proyecto en la mano, hemos de ser y estar en el conflicto, explicando y haciendo proselitismo para una causa que merece la pena. Yo la llamo socialismo, pero estoy dispuesto a discutir el nombre a condición de que haya praxis."        (Alberto Garzón Espinosa ,eldiario.es, en Rebelión, 26-09-16)

En España hay menos personas mayores que en las principales economías de la UE y se gasta menos en pagar pensiones... nuestras pensiones son viables, si se quiere

"Anoto esta reflexión del escritor vienés en su libro Castelio contra Calvino dada su vigencia en el contexto actual. Hoy se está induciendo a las generaciones jóvenes a asumir, como si fuera una ley inexorable de la naturaleza, que vivirán peor que la generación de sus padres. 

Y, en concreto, que no tendrán pensiones en el futuro. En efecto, agoreros de distinto signo, pelaje y condición (aunque con el común denominador de nutrirse todos en el mismo pesebre) anuncian, un día sí y otro también, el gran colapso del sistema público de pensiones en 2050.  (...)

Porque si, tal como sugieren estos lúgubres predictores basándose en las proyecciones demográficas, el problema va a ser de escasez de población activa en 2050, al faltar trabajadores no sólo entrarán en crisis las pensiones públicas, sino también las privadas.  (...)

Ante una crisis demográfica, las pensiones no serían más que una parte del problema. Porque, si faltan trabajadores, tampoco será posible atender las redes viarias, los aeropuertos, los hospitales o los centros de enseñanza. Apenas habrá maestras, médicos o enfermeros. Disminuirá asimismo el número de jóvenes vigorosos aptos para nutrir los cuerpos militares, policiales y de emergencia, que mantienen el Orden Público, la Defensa Nacional y la Protección Civil frente a incendios y otras catástrofes. Cuerpos que se quedarán en cuadro ante la falta de bomberos, policías y soldados de tierra, mar y aire.

Esa escasez de fuerza laboral no sólo afectará al sector público. Pues ¿de dónde va a salir la mano de obra que asegure el pleno funcionamiento de las fábricas, oficinas y comercios? Sin embargo, esta debacle general de la producción no parece inquietar a estas Casandras de vía estrecha. Lo que hace sospechar que, cuando únicamente se muestran preocupados por el futuro de las pensiones, exigiendo privatizar las pensiones, mienten con el mayor de los descaros.

Porque los datos estadísticos más recientes desmontan la leyenda que se está creando sobre la inviabilidad del sistema público de pensiones. Las cifras demuestran, por ejemplo, que en España hay menos personas mayores que en las principales economías de la UE y se gasta menos en pagar pensiones. Nuestro país, ocupa el séptimo lugar con mayor población de más de 65 años, pero llega al decimoquinto en gasto de pensiones.

Lo malo de todo este asunto es que la opinión pública ha aceptado ciertas extrañas convenciones. La primera de ellas, la de que todos los gastos del Estado —como las carreteras, por las que circulan tanto los trabajadores como los empresarios, banqueros y otras gentes de buen vivir— se costean con cargo a los impuestos generales. 

Un dinero que, casi en su totalidad, procede de las rentas del trabajo y del consumo de los trabajadores y sus familias, que componen la mayoría de la población. Otra convención ha establecido que las pensiones públicas han de ser sufragadas únicamente por el bolsillo de los trabajadores a través de sus cotizaciones.  (...)

De tales extraños convencionalismos se deriva una realidad perversa: los asalariados sufragan el coste de las Fuerzas del Orden que protegen la Seguridad de la Propiedad Privada —cuya porción más sustanciosa se acumula en pocas manos— mientras que los más adinerados no contribuyen a proteger la Seguridad Social de quienes dedican lo mejor de su vida a construir la fortuna de los ricos. 

Necesitamos sanear estas convenciones sociales con visiones más saludables. Por ejemplo, la del economista Ravi Batra, que entiende que un fuerte sistema defensivo estatal debe servir para proteger la vida, la libertad y las propiedades de las personas frente a enemigos exteriores. O expresado de otra manera: el mantenimiento de unas fuerzas armadas beneficia al individuo en esos tres aspectos principales.

Por tanto, razona Batra, “Es un principio tributario tradicional que los impuestos que uno paga deben guardar proporción con los beneficios que recibe. Dado que todos valoramos en igual medida nuestra vida y nuestra libertad, pero no somos iguales desde el punto de vista de las riquezas que poseemos, lógicamente los ricos deberían soportar al menos la tercera parte del gasto militar. 

O dicho con otras palabras: si el gasto de defensa proporciona tres beneficios principales, a saber, la protección de la vida, de la libertad y de la propiedad, la tercera parte de dicho gasto debe ser soportada por los dueños de las propiedades”.  (...)

El sistema público de pensiones no está amenazado por la demografía, sino precisamente por el hecho de que sus fuentes de ingreso provengan únicamente de las cotizaciones de las personas laboralmente empleadas cuyo número disminuye día a día. Cada vez hay menos empleo, y gran parte del mismo se desarrola en condiciones de precariedad. A peores salarios, peores cotizaciones a la Seguridad Social.

Por circunstancias tecnológicas y socioeconómicas, el volumen global de empleo disponible en el sistema productivo de un país desarrollado es decreciente. Es un hecho innegable que, a medida que avanza el progreso tecnológico se produce una avería en el artefacto social del empleo. (...)

a causa de la automatización, se perderán unos siete millones de empleos "de oficina". El estudio predice el desarrollo en las áreas de inteligencia artificial, robótica, nanotecnología e impresión 3D.

Es preciso, por tanto, lograr que las empresas coticen también por los puestos de trabajo automatizados y robotizados. Junto a las fábricas que emplean robots en la producción en lugar de empleados humanos, deben cotizar también los autoservicios: hipermercados, gasolineras y cajeros automáticos.

 Todo ello requiere una gran movilización social que exija reformas socioeconómicas en este sentido. Mientras tanto, hay algo que los pensionistas con buena salud, sin obligaciones laborales ni temor a ser despedidos por afiliarse a un sindicato, deberían movilizarse para defender sus pensiones reivindicando la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Lo que beneficiaría tanto a los jóvenes como a la caja de la Seguridad Social.

¿Os acordáis del lema: "no soy ecologista, soy egoísta"? Pues apliquémonos el cuento."              (Ciudadano Pérez ,  Blog del autor: http://carnetdeparo.blogspot.com , en Rebelión, 26/09/16)

El comercio internacional se ha estancado... y así, todo

"(...) El comercio internacional se ha estancado, una circunstancia especialmente desfavorable para la economía española dado el peso de las exportaciones en la recuperación. Los intercambios se resienten de la recesión que padecen varios países de América latina y del enfriamiento de la economía china, en pleno proceso de reestructuración y lastrada por la acumulación de créditos irrecuperables. 

Los datos publicados esta semana sobre el sector exportador reflejan estas tendencias. En julio pasado, el volumen de exportaciones se contrajo en 7,6% con respecto a un año antes. En general, los organismos internacionales consideran poco probable que la economía mundial recupere las tasas de crecimiento observadas antes de la crisis del 2008.

Los analistas también prevén un encarecimiento progresivo del petróleo y de otras materias primas. Este proceso ya ha empezado a producirse y explica el ligero repunte de la inflación. El suplemento de renta generado por un petróleo barato se está agotando y se espera que llegue a su fin en 2017.
La economía europea muestras signos inquietantes de anemia y la OCDE, en sus últimas previsiones, espera una reducción de la tasa de crecimiento.

 La incapacidad para responder a la decisión del pueblo británico de salir de la Unión Europea y la situación preocupante de la banca italiana han creado nuevas turbulencias. (...)

También existen factores internos de desaceleración. Los efectos de la reducción de impuestos sobre el crecimiento del consumo de los hogares se han agotado. Se espera un endurecimiento en el impuesto de sociedades, imprescindible para evitar un nuevo incumplimiento de los objetivos de déficit pactados con Bruselas para este año. 

Y se vaticina una fuerte desaceleración del consumo público, así como de las inversiones en infraestructuras como consecuencia de la situación presupuestaria y de la probable prórroga de los presupuestos, fruto del bloqueo político. (...)"                (Raymond Torres, El País, 23/09/16)

Brexit: Un corte de mangas de la clase obrera a la clase media metropolitana, a la élite política y a los comentaristas liberales, a todos los que les llaman brutos e ignorantes

"Clase obrera. Ya casi no se oyen estas dos palabras juntas, sobre todo en la izquierda política institucional, el grupo parlamentario laborista y sus fieles comentaristas.  (...)

En el Reino Unido desde hace 30 años, académicos, activistas políticos y comunitarios, sindicalistas y hasta grupos religiosos han advertido, argumentado, probado, amenazado y a veces suplicado a los políticos y a la sociedad en general que la desigualdad creciente y las políticas de austeridad no acabarían bien.

 Sería ése el momento en que yo esperaba ver una revolución política surgida de un movimiento de solidaridad internacional liderado por gente trabajadora procedente de todo el mundo protestando ante sus respectivas instituciones elitistas con antorchas llameantes y horcas. 

En cambio, nos hemos visto inmersos en una batalla ideológica interna del partido conservador y el resto de los grupos parlamentarios se conforman porque les beneficia en sus propias luchas internas por el poder.

La ocasión perfecta para hacerse oír

La consecuencia es que las personas marginadas en todo el Reino Unido han utilizado el referéndum sobre la Unión Europea –orquestado por los conservadores– como una oportunidad para hacerse oír. No he observado nunca tanto entusiasmo y debate entre personas que el año pasado ni se interesaban por las elecciones generales. 

Más de 33 millones de personas salieron a votar. De éstas, 17 millones votaron para salir de la Unión Europea. Lo hicieron por muchas razones: soberanía, xenofobia, racismo y debemos reconocer esto. Pero hubo millones de electores que votaron para salirse por otras razones.

El ataque sostenido sobre la gente trabajadora, sus identidades, su trabajo y su cultura por parte de la política ejercida desde Westminster y la burbuja mediática que la rodea ha tenido consecuencias imprevistas. La gente trabajadora ha dejado de escuchar a los políticos en Westminster y en cambio hace lo que todos los políticos temen: utiliza sus propias experiencias para juzgar lo que le funciona y lo que no.

Desde el Brexit, ha habido mucho debate sobre qué ha pasado y cómo hemos llegado hasta aquí. Creo honestamente que no se sabe. El Reino Unido está profundamente dividido en términos de localización geográfica, raza, etnicidad, género, discapacidad y edad y la clase social está presente en cada uno de estos apartados. 

Ignorar la desigualdad de clase y la realidad social, cultural y económica de las experiencias vividas por las personas ha sido un enorme error por parte de la clase media de todas las convicciones políticas.

En cambio, esta clase media metropolitana y sus comentaristas incondicionales han llegado al consenso de que a la gente trabajadora se la ha engañado, que son pavos deseando que llegue la Navidad. Están dejando de acusarla de racismo por apoyar el Brexit, no porque hayan cambiado de opinión o abandonado sus prejuicios profundos, sino porque se han dado cuenta de que son ridículos y algo culpables por acusar constantemente a la clase obrera de ‘racista’. 

En cambio, han tirado de ‘diplomacia’, eligiendo bien sus palabras del diccionario preferido de los eugenésicos. Ahora se preguntan si el voto sobre la Unión Europea tiene que ver con la educación, la miopía o quizá el exceso de ira que no le ha permitido pensar racionalmente.

Están resucitando los antiguos prejuicios de que la clase obrera es inferior, bruta y retrógrada, pero en el lenguaje del catálogo de moda. Aunque es posible que algunas de las personas que votaron para marcharse de la Unión Europea hayan sido engañadas, todo el referéndum se basó en mentiras, desinformación y miedo.

Basándome en mis investigaciones realizadas en Nottingham y el este de Londres, sospecho que la mayoría de las personas trabajadoras que votó para marcharse de la Unión Europea canalizaba el espíritu de Billy Casper, el personaje del libro de Barry Hines, A Kestrel for a Knave, más conocido como Kes en la película de Ken Loach. 

Están dando un corte de mangas a la clase media y a la clase dirigente mientras miran al pasado que perciben como mejor y al futuro que saben que será sombrío."                  (Lisa McKenzie, Académica asociada de sociología en la London School of Economics, Diagonal, 28/09/16, publicado por la revista Red Pepper.)

28.9.16

Prepárense para una nueva crisis de deuda privada... que nos pillará otra vez desnudos, sin haber armado el traje que debería protegernos de la codicia de los banqueros

"¿Pensaban ustedes que los problemas de deuda privada ya estaban acabados, suavizados, eliminados? En absoluto, simplemente están hibernando hasta que se forme la siguiente tormenta perfecta. 

Y de nuevo la deuda privada, y un endeudamiento público creciente, no para crecer, sino para generar colateral que permita subsistir a un sistema bancario podrido, quebrado.

 Prepárense para lo que viene, nada nuevo y nada bueno. Y nos pillará otra vez desnudos, sin haber armado el traje que nos debería haber protegido.

 La situación actual es curiosa, mejor dicho, paradójica. Tanto en los países del sur de la Eurozona -con sistemas bancarios muy frágiles-, como en aquellos países postsoviéticos que son miembros de la Unión Europea, pero no forman parte del euro -con una deuda hipotecaria a punto de estallar-, el endeudamiento público ha sido generado para pagar las deudas del sector privado a los bancos extranjeros. 

Y ello constituye una auténtica perversión antidemocrática de unas élites profundamente corruptas. Pero vayamos por partes.

 Target 2 y los países del sur de Europa

Target2 es el sistema que guarda y compensa las operaciones financieras de pagos en el Eurosistema. Permite que las entidades bancarias tengan posiciones deudoras en el sistema mientras sigan teniendo colateral que colocar. Mientras las entidades financieras españolas sigan en una situación nada halagüeña como la actual, el Estado español no va a dejar de emitir deuda para proporcionarles colateral.

 Los bancos centrales del sur de Europa piden prestado a otros bancos centrales para “sus” bancos comerciales. Target2, por lo tanto, es un sistema para las entidades financieras europeas y los bancos centrales. No es un sistema ni para los Estados europeos ni para los ciudadanos.
Protege siempre a la banca privada porque al final si hubiera impagos lo acaban pagando los contribuyentes.

 Si un banco español, por ejemplo, no pudiera pagar su deuda con un banco alemán y su colateral no valiera nada, el Bundesbank pagaría al banco alemán, el Banco Central Europeo (BCE) al Bundesbank, y el BCE reclamaría a Banco de España. Si Banco de España no pagara, el coste de la perdida se repartiría entre todos los bancos nacionales del Eurosistema. (...)

Ya hemos aprendido e interiorizado que el BCE nunca se puede quedar sin dinero para prestar a las entidades o a otros bancos centrales. Jamás antes había sido tan fácil a las entidades financieras conseguir dinero del BCE. 

Nunca antes el BCE había expandido su balance como ahora. Jamás el colateral que admite el BCE había tenido menos valor que ahora. Ello explica dos cosas, por un lado, las operaciones de financiación a largo plazo o préstamos LTROs a la banca europea, y, por otro, tras el acuerdo tácito entre las élites, los programas de compra de activos (deuda) del BCE a la banca, después de que esta financiara a los gobiernos y consiguiera así colateral. Tremendo, ¿verdad? 

De esta manera se están recapitalizando, por ejemplo, las entidades bancarias españolas. Pero no olviden que la garantía de esos préstamos a las entidades la damos nosotros, los contribuyentes. Recuerden que el BCE en el caso de Grecia no rescató al gobierno ni al pueblo griego, lo que hizo fue rescatar a las entidades financieras alemanas y francesas.  

Deudas hipotecarias en euros países fuera del Euro

La deuda pública en Grecia sólo fue la primera. Hay más bombas por estallar. Las deudas hipotecarias en algunas economías postsoviéticas (Letonia, Hungría, Rumanía,…) son todavía más peligrosas.

 A pesar de que estos países no están en la zona euro, la mayor parte de sus deudas están denominadas en euros. Alrededor del 87% de las deudas de Letonia son en euros u otras monedas extranjeras, y la deben principalmente a los bancos suecos, mientras que Hungría y Rumanía a los bancos austriacos.

Para pagar deudas impagables a estos bancos extranjeros los gobiernos de estos países de la otrora esfera soviética se han ido endeudando para apoyar los tipos de cambio y así poder pagar las deudas del sector privado a los bancos extranjeros. Como consecuencia, en estos países aumenta el déficit comercial y su crecimiento económico se paraliza.

 Lo peor es que estos países han apoyado a sus tipos de cambio mediante préstamos de la UE y el FMI, cuyos términos son insostenibles: fuertes recortes presupuestarios del sector público, las tasas más altas de impuestos sobre el factor trabajo, ya saturado de impuestos, y unos planes de austeridad que se encogen economías e impulsan más mano de obra que emigrar.

Lo que de una vez por todas deben entender los banqueros de aquí y allá es que tienen que asumir tanto el coste como las deudas que se van a dejar de pagar, o se pagarán en monedas fuertemente devaluadas. Pero no se dan por aludidos, todo lo contrario. A la primera señal de que un país amenace con pagar en una moneda devaluada o cuestione una deuda externa como inadecuada, las agencias de calificación, auténticos mafiosos, se moverán para recortar su calificación crediticia.

Lecciones a extraer

Podemos extraer varias lecciones importantes a partir de este análisis. Respecto a los países del euro, es necesario modificar profundamente un diseño institucional ineficiente que no solo no anticipó sino que alentó que los pasivos bancarios se convirtieran en deuda pública en situaciones de crisis, impidiendo la restructuración privada de la deuda.

Para los países de la Unión Europea que no forman parte del euro, las dos lecciones más importantes son que el sector privado no debe endeudarse en monedas distintas de la suya ni emitir bajo legislación que no sea la de su país. Pero además deben aprovechar algo que nosotros no tenemos, la soberanía monetaria para implementar expansión fiscal con tipos de cambio flexibles."            (Juan Laborda, Vox populi, 24/09/16)

Deutsche Bank y el fantasma de Lehman Brothers

"Las acciones del mayor banco alemán se desplomaron ayer otro 7,54% superando, en lo que va de año, una caída de más del 50%, aunque Angela Merkel no quiere oír hablar de rescate mientras el mercado vuelve a especular con la posibilidad de una ampliación de capital. 

En este sentido siguen creciendo las dudas sobre el estado de las cuentas de Deutche Bank y de cómo va a resolver los diferentes frentes legales que tiene abiertos, incluida una posible multa de 14.000 millones de dólares (12.500 millones de euros).   (...)

El detonante del desplome de ayer fue la noticia de que la canciller Angela Merkel descarta cualquier tipo de ayuda estatal a Deutsche Bank antes de las próximas elecciones de septiembre de 2017, según adelantaba el semanario Focus este fin de semana, quien también mantenía que la canciller negó la ayuda para resolver estos problemas legales en EEUU. 

Por su parte, Jörg Eigendorf, portavoz de Deutsche Bank, ha asegurado que los fundamentos del banco son "fuertes" y ha culpado a la "especulación pura" de las caídas en bolsa. (...)"               (Jaque al neoliberalismo, 27/09/16)

En los barrios de Andalucía existe una economía alternativa al Euro. La de las monedas sociales y los bancos de tiempo

"En los barrios de Andalucía existe una economía alternativa al Euro. Se trata de las monedas sociales y los bancos de tiempo, dos prácticas que llevan existiendo mucho tiempo pero que se han popularizado desde 2009 con motivo de la crisis económica, pasando de cuatro a más de dos centenares de monedas alternativas en toda España.

  En 2013, eldiario.es recogió el funcionamiento de este modelo económico alternativo apoyado por las distintas comunidades que buscan dar un valor a su producción sin tener que entrar en el mercado económico mundial. ¿Cómo ha evolucionado en estos tres años la puesta en valor de este modelo de compraventa?

Desde hace años se pueden encontrar en los barrios monedas como el Zoquito jerezano, la Pita almeriense, la Jara sevillana, los Comunes malagueños o los Arkitos arcenses. Estas monedas permiten un intercambio dentro del comercio justo y la confianza entre los miembros de la comunidad que usan la moneda, comunidades en las que cualquier consumidor puede ser también un productor.

 Para estudiar la evolución de esta economía en Andalucía,  Israel Sánchez, miembro de la red de la moneda social el Puma ha respondido las dudas junto a las integrantes de la la misma Red Social y de La Transicionera, Blanca Crespo, Noemí González y Patricia Luque.

Las monedas nacen para fomentar la economía local en una apuesta por un cambio de mentalidad económica. "Desde 2014 se dan nuevos tipos de monedas asociadas a proyectos, como es el caso de la Ossetana de San Juan de Aznalfarache, usada para el pago de ayudas sociales a través de los servicios sociales del Ayuntamiento.

 Las personas pueden comprar productos de primera necesidad con esa moneda en la red de comercios que acepten la divisa para luego ser cambiada por euros", explica  Israel. "De esta forma se consigue una mayor eficiencia en el gasto público, transparencia, rapidez en la gestión y un apoyo al comercio local". Este modelo económico está llegando a las aulas, pues en la Universidad Pablo de Olavide ya existe un máster de Nuevos Modelos de Economía Colaborativa.

Viejas y nuevas monedas

Desde 2013, el proceso de creación de nuevas monedas sociales se ha ampliado en más de una decena especialmente en la Andalucía occidental. La Oliva, el Caño, el Chábir y el Alcor sevillanos, junto con el Chavico granadino, el Lazo malagueño, la Sanluqueña y el Salero gaditanas y el Durillo onubense son algunas de las nuevas monedas alternativas que han llegado a los barrios.

"Uno de los retos más importantes de las redes de monedas sociales es tener relación e información continua. Ser capaces de dar apoyo a otras redes que la necesiten, pero es complejo de gestionar", aseguran desde la red del Puma.

 "La creación es un proceso que exige mucha atención y generar grupos sólidos que sepan gestionar las dificultades y los conflictos que surgen. La creación del Puma durante la Red de Decrecimiento de Sevilla en 2011 fue un aprendizaje y lo sigue siendo hasta la fecha".

Algunas han caído en desuso

Sin embargo, algunas monedas acaban cayendo en desuso. Pocos datos se conocen con respecto a estas monedas, pues nunca existe una confirmación oficial de su desaparición y algunos participantes de la comunidad pueden seguir haciendo uso de ella en entornos pequeños. Es el caso del Axarco, moneda de La Axarquía malagueña y la pionera en este modelo desde 1988. Hoy en día, poca información queda sobre la moneda y su actividad. (...)

El éxito del modelo, con decenas de nuevas monedas en los últimos años está basado en varios hitos que impulsaron su desarrollo. Israel y la red social de la moneda del Puma señalan algunos como "el papel de Julio Gisbert como artífice de muchas monedas, la crisis económica, el buen hacer de los proyectos de moneda social, el cariño de los medios de comunicación, la constatación de su buen funcionamiento, el papel de las criptomonedas –como la Bitcoin–, la incorporación de los proyectos a la esfera institucional, la necesidad de participación ciudadana para atender necesidades no cubiertos por el sistema, la conciencia del papel de la comunidad frente al individualismo y la exclusión social que genera actual sistema económico".

Para una economía local de productos de cosumo

Las monedas alternativas tienen un valor nominal que, dependiendo de la misma, puede tener paridad con el Euro o funcionar con otros valores como horas de trabajo, algo denominado crédito mútuo –sistema LETS (Local Exchange Trading System)–. Estas monedas pueden ser físicas, virtuales o administrarse en cartillas, siendo común el uso de plataformas digitales como CES, Cyclos o Clickoin para consultar datos y estadísticas de cada comunidad. 

Con ellas puedes comprar en cualquier establecimiento que acepte el sistema. La devaluación de la moneda es complicada pues no se puede usar en grandes cantidades, sino que sirve para una economía local de productos de consumo: frutas, ropa de confección, pan, servicios de albañilería, etc.

Las monedas que funcionan mediante crédito mutuo ofrecen un servicio valorado en horas y por cada hora de trabajo que aportes tendrás derecho a una hora de trabajo por parte de otra persona. Tú puedes aportar un masaje durante una hora para generar una hora de saldo positivo que canjear entre otras ofertas que ofrezca la comunidad, como podría ser el trabajo de un pintor, un pastelero o clases particulares.

 Se trata de un sistema de adquisición de servicios gratuitos a cambio de producir algo para el resto de ciudadanos, cuyo único valor nominal son las horas que ofreces y las horas que recibes a cambio. "Es el modelo usado por el Puma, el Zoquito, la Oliva o el Durillo, entre otras", comenta Israel.

En un futuro se podría probar un modelo provincial, siendo un reto de gran envergadura, aunque no hay que olvidar que "la moneda no es más que una herramienta orientada a un fin y que recoja procedimientos y relaciones que impliquen la generación de sinergias", aseguran desde la red del Pumarejo.

 "En próximos años veremos un despliegue de economía alternativa y complementaria de gran calado y permeabilidad a todos los niveles socioeconómicos, donde la entrada a la administración pública es solo cuestión de tiempo", concluyen Israel, Blanca, Noemí y Patricia."     (Daniel Andana, eldiario.es, 10/09/16)

Unión Europea: Es el momento de la separación. El desmembramiento de la UE parece cada vez más probable – y al parecer, inevitable

"Es el momento de la separación. En medio del desastre económico, la arrogancia burocrática y la indiferencia por las cuestiones sociales, el atractivo del proyecto europeo ha disminuido considerablemente en los últimos años. 

La acumulación de fuerzas centrífugas están actuando. La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) es el primer paso en un proceso de desmembramiento de la Unión que parece cada vez más probable – y al parecer, inevitable. 

A las dificultades que este “proto-estado” ahora se suma la onda sísmica que se producirá después del shock económico y financiero del Brexit, las divisiones sobre el talante que hay que mantener ante su aplicación y, las opiniones contrapuestas sobre la nueva dirección a seguir: ¿más o menos Europa para los que se quedan?

Esta retórica enmascara el dilema de un verdadero callejón sin salida: una mayor integración es absolutamente imposible en un contexto donde la opinión pública es cada vez más desconfiada respecto de la UE. 

Claro que cuando se renuncie, oficialmente , “al salto” hacia una mayor integración se va a eliminar cualquier posibilidad de reformar unas instituciones totalmente disfuncionales... La trampa del déficit democrático ha cercado a la Europa del capital.

La votación por el Brexit en el Reino Unido es un voto de clase. Los puños de los trabajadores, que perdieron un 10% de sus salarios desde el 2008, golpearon al primer ministro, David Cameron, y a los círculos de negocios que dieron su apoyo a la UE.

El voto estuvo originado, en parte, por sentimientos racistas y por la extrema derecha que dominó el campo del “Exit” porque los movimientos sociales fueron incapaces de articular una campaña a favor de una salida por la izquierda. Más allá de un par de pequeños grupos (como el Partido Socialista y una organización ad hoc) ha sido un fracaso de toda la izquierda británica. Particularmente, fue una oportunidad desaprovechada para el nuevo líder euroescéptico del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, que contribuyó con su indefinición a entregar a las clases populares a los brazos de sus enemigos.

Esta insurrección electoral es una manifestación de una realineación política a gran escala que tienen lugar en el mundo occidental: en casi todas partes el extremo centro (el centro-derecha y el centro-izquierda) se ha encontrado con aprietos provocados por fuerzas o personalidades políticas tan opuestas como Donald Trump y Jeremy Corbyn, Podemos y Marina Le Pen.

 La Unión Europea es la encarnación arquetípica del proyecto del “extremo centro”. Desde la década de 1970, la integración continental no tenido ningún progreso con la excepción de la parsimoniosas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.  (...)

La Unión no tiene calado histórico para hacer frente al ciclo de grandes turbulencias provocadas por la crisis de 2008 y, rearmarse para un nuevo período. Privada de toda raíz democrática, carece de procedimientos de legitimación que le permitan reinventarse. La UE es solo el lugar de encuentro entre socios "responsables", el espacio de gran coalición que excluye permanentemente cualquiera participación de la gente.

Su continuidad aplasta la vida democrática nacional, la transforma en un baile de máscaras, que imposibilita la adopción de políticas sociales y económicas en beneficio de los trabajadores. Por tanto, no es de extrañar que la Unión no tenga ningún poder de atracción para los británicos, que desde el comienzo quisieron permanecer en sus márgenes.

Después de los referéndums de Francia y Holanda en 2005, de Irlanda en 2008 y de Grecia en el 2015, el voto a favor de Brexit viene a confirmar que toda la publicidad a favor de la Unión Europea es irrelevante. Alinearse con ella es mortal para la izquierda; es abandonar directamente el campo de batalla a la extrema derecha.

Como lo ha acreditado una reciente encuesta realizada por el Instituto Pew, el rechazo de la UE es general. Las opiniones adversas son mayoría en Grecia (71%) y Francia (61%), pero también es alto en España (49%) y Alemania (48%). Si se pone el foco centra en los temas económicos, el rechazo es mayoría absoluta en toda la Unión. Otro elemento interesante, es que no es monocromático el campo anti-UE: la derecha la repudia en el norte de Europa y la izquierda la rechaza en el sur del continente. (...)"                 (Cédric Durand , Rebelión, 20/09/16)

El de Rajoy, el rescate bancario más costoso de las economías más grandes de la Eurozona... “Bueno, pero las ayudas las han recibido las cajas, no los bancos”... Ya, claro, pero las cajas fueron absorbidas por los bancos, con las garantías que recibieron (110.895 millones)

"(...) Bueno, a decir verdad estoy siendo muy injusto con la banca: en realidad sí nos ha devuelto a los contribuyentes una parte del dinero. ¿Cuánto? El 5,2% del total, que asciende a 51.303 millones de euros. (...)

“Bueno, pero las ayudas las han recibido las cajas, no los bancos”. Ya, claro, y los elefantes vuelan los martes por la noche. Casi todas las cajas han acabado absorbidas por los bancos, ergo las ayudas que recibieron aquellas se encuentran en el seno de éstos. Además, una parte considerable de las ayudas públicas fueron entregadas a los bancos en forma de avales y garantías. Sin ellas, los bancos habrían quebrado hace mucho tiempo. 

Estas garantías han alcanzado los 110.895 millones de euros, y aunque ya no hay riesgo de que supongan un coste, fue dinero público comprometido sin nuestro permiso a bancos (no sólo a cajas). Y el español ha sido el tercer estado de Europa con mayor volumen de garantías otorgadas al sistema financiero, solo superado por el irlandés y el griego. 

Por último, adivina de dónde obtienen los bancos el dinero para operar y hacer negocio con él: de una institución pública, el Banco Central Europeo, que crea el dinero de la nada y se lo entrega a los bancos barato para que lo presten caro a familias, empresas y estados. Si esto no es una ayuda pública que baje Zeus y nos parta con un rayo.

“Bueno, al menos han devuelto algo de dinero, y puede que devuelvan más”, dirán algunos. Pues mira, difícilmente podría ser peor porque el poco dinero que han devuelto lo han sacado fundamentalmente de haber vendido partes de cajas de ahorros que antes realizaban obras sociales, estimulaban la competencia entre los bancos, enfocaban su actividad a la región, y que en algunos casos pertenecían al estado (como es el caso de Bankia), con lo cual el actual sistema bancario está enormemente concentrado y es más proclive a abusar de los clientes a través de comisiones y otras artimañas. 

Es como si tu colega el gorrón te hubiese devuelto una pequeña parte del préstamo con dinero que ha obtenido vendiendo algunos muebles de tu casa. Absolutamente genial.

Amigo gorrón, que no necesitado ni pobre. Porque el año pasado, después de la entrega de las ayudas públicas a la banca sin ningún tipo de permiso por parte de los propietarios del dinero comprometido –nosotros–, hasta 133 banqueros españoles cobraron como mínimo más de un millón de euros cada uno de ellos. 

Y ese mismo años descubrimos estupefactos sucesos tan aberrantes como que el número del BBVA se jubilase con 55 años con una pensión de 4.900 euros… ¡al día!

 Pero aquí no ha pasado nada. Ya nadie se acuerda de las ayudas a los bancos y del coste que ha supuesto y está suponiendo para el bienestar de la mayoría social en forma de recortes en educación, sanidad, dependencia, pensiones, cultura, etc. Porque ahora todo va dabuti, ¿no? Al menos eso dicen los banqueros y sus amigos los actuales gobernantes, y ellos nunca mienten ni se aprovechan de la gente indefensa."                    

Las terceras elecciones están servidas y solo hay una manera de evitarlas: que inviten los socialistas

"Los gallegos votaron como gallegos y los vascos como vascos, sin apenas tener en cuenta  la situación de bloqueo de la política estatal y siguiendo las reglas y las dinámicas propias que construyen los sistemas políticos gallego y vasco desde hace décadas, aunque en Madrid no acaben de enterarse del todo. 

En la lógica de ambos sistemas políticos Ciudadanos es un alien y el bipartidismo nunca ha sido el enemigo a batir porque nunca ha dominado. La política en Galicia siempre ha sido un juego a tres: conservadores, progresistas y nacionalistas y en Euskadi siempre han jugado una partida a cuatro.  (...)

 Para que los resultados vascos o gallegos pudieran haber ayudado a desbloquear la situación estatal los socialistas tendrían que haberse hundido estrepitosamente, ser sorpasados en Galicia y resultar prescindibles para el gobierno de Euskadi. Nada de eso ha sucedido, pero casi. Los resultados tienen la rara virtud de que pueden servir casi a todo el mundo. 

Rajoy puede tirárselos a la cabeza a Sánchez y el secretario general socialista puede utilizarlos como escudo ante las críticas de Susana Díaz.

Estamos donde estábamos pero con menos tiempo y menos opciones. Los resultados de Galicia y Euskadi no contribuyen a allanar el camino de un gobierno alternativo al PP y Rajoy puede seguir esperando a que pasen los días y sus rivales se sigan desgastando. Las terceras elecciones están servidas y solo hay una manera de evitarlas: que inviten los socialistas."              (Antón Losada, eldiario.es, 25/09/16)


El primer debate Trump / Clinton

"(...) En el debate, la cosa fue más o menos como sigue. Durante los primeros 15-20 minutos del debate, Donald Trump estuvo más o menos tranquilo. Sus respuestas sobre política económica eran tan absurdas y monomaníacas como de costumbre (México, comercio, todo el mundo nos roba la cartera) y completamente incoherentes a poco que alguien les prestara un poco de atención, pero no eran malas. 

Clinton, como de costumbre, contestaba a todo con detalle y con variedad de propuestas y planes, haciendo honor a su tendencia a actuar como Leslie Knope. No hacía un gran papel, pero al menos se la veía optimista y tranquila.

Allá por el minuto 12-13 del debate, sin embargo, Clinton ya empezó a colocar puyas en sus respuestas. La primera, si no recuerdo mal, fue al hablar sobre cómo Trump empezó su negocio con un préstamo de 14 millones de dólares de su padre. Pequeñas menciones a sus impuestos. Provocaciones, sin duda, buscando que Trump reaccionara.

A la media hora, lo consiguió. Trump estaba visiblemente agitado, interrumpiendo a Hillary con frecuencia. Fue entonces cuando Hillary realmente empezó a repartir leña en serio, con una respuesta brutal pidiendo a Trump que haga públicos sus impuestos. El debate, a partir de ahí, se inclinó a favor de Clinton, con Trump cometiendo una multitud de errores no forzados. 

En repetidas ocasiones, Hillary ni siquiera se molestó en interrumpir las idas de la olla de su oponente. Trump tuvo una larga, confusa respuesta llena de frases perdidas y mentiras obvias cuando fue preguntado sobre su obsesión (racista) con el certificado de nacimiento de Obama. Clinton le contestó, mirando a la cámara, algo parecido a “espero que hagáis escuchado lo que dice este tipo”.

Es difícil dar un listado de todas las cosas que le han salido mal a Trump hoy, pero ahí van unas cuantas. Ha dicho no pagar impuestos, y estar orgulloso de ello. Ha mentido abiertamente, otra vez, sobre su apoyo a la guerra de Irak. Ha dado respuestas completamente absurdas sobre armas nucleares y la OTAN. Ha insultado a Rosie O´Donnell sin que viniera a cuento. Se ha llevado una galleta estelar cuando ha criticado a Clinton por no tener energía. 

Ha mentido abiertamente sobre sus opiniones sobre calentamiento global. Se ha metido en un jardín espectacular al hablar sobre sus impuestos. Ha elogiado a su hijo de 10 años como una autoridad contra el cybercrimen. Ha hablado sobre lo maravilloso que es su temperamento. Todo  ello gritando y comportándose como un maleducado ante una mujer de gesto paciente.

Las encuestas, por ahora, han sido claras. Los dos focus groups mediáticos (uno de Frank Luntz, otro de CNN), daban victorias aplastantes para Clinton. Los dos sondeos rápidos post-debate (CNN y PPP) confirmaban esa impresión. El margen, en todos los casos, era comparable a otro debate que fue también una monumental paliza, el primer encuentro entre Romney y Obama el 2012.

Sí, exacto. Ese mismo debate que movió las encuestas 3-4 puntos en favor de Romney durante un par de semanas, hasta que el los tres últimos debates (Biden-Ryan y dos presidenciales más) colocaron a Obama de nuevo al frente. Dicho en otras palabras, ha sido una victoria igual de clara, al menos a primera vista, como ese gran momento de Mitt Romney que no le sirvió para nada hace cuatro años. (...)

Obama perdió claramente, pero tras su campaña del 2008, el tono general fue que o bien se había confiado, o bien tuvo una mala noche. Romney se llevó muchos y merecidos elogios por haberle dado un sonoro repaso, pero el hilo conductor de la campaña era que Obama podía recuperarse.  (...)

Trump no es Mitt Romney. La historia que llevan explicando los medios toda la campaña es la de una política profesional excepcionalmente bien preparada enfrentándose contra un hombre anárquico con un carisma que llega a los americanos. (...)

El hecho que le haya ido mal no hace más que confirmar la historia que tenían los periodistas en mente sobre Trump siendo un cretino sin demasiado contacto con la realidad. Esta va a ser la historia en los medios, casi seguro, durante las próximas semanas, y esa será la barrera que Trump deberá superar en los cuarenta días escasos que quedan de aquí a fin de campaña.

 ¿Quiere decir esto que las elecciones se han terminado? No, en absoluto, por tres motivos. Primero, quedan dos debates (bueno, tres, pero el debate entre Kaine y Pence no le importa a nadie), y Hillary aún puede cometer errores graves. Este debate seguramente será el de más audiencia, pero una pifia monumental en el segundo o tercero podría hacerlo olvidar.  (...)

Segundo, siempre puede haber un imprevisto. Algo como un atentado terrorista, un desastre natural o una enfermedad grave de Clinton que haga que cambie la tendencia.

Tercero, y de lejos el más importante: estas son unas elecciones extrañísimas. Trump, bajo cualquier análisis medio cuerdo de la realidad, debería estar lejos en las encuestas, pero anda casi empatado. No estamos ante una campaña presidencial normal. Muchos votantes de Trump le apoyan precisamente porque los medios y el establishment parecen despreciarle, no lo contrario. 

Si algo deberíamos saber a estas alturas es que los debates y la campaña funcionan bajo una realidad paralela con este tipo, que ganó las primarias después de saltarse todas las reglas sobre cómo hacerlo. 

Es cierto que Trump nunca tuvo un oponente real entonces (recuerdo que Ted Cruz fue el que quedó segundo) ni debatió uno contra uno ante un político que supiera lo que hacía. Pero este es un ciclo electoral extraño, ante un rival que quizás es competente, pero es ampliamente odiada por muchos votantes, así que Dios sabe qué veremos durante las próximas semanas.  (...)"               (Politikon, 27 Sep, 2016 -

27.9.16

Deutsche Bank se desploma un 6%: Merkel no piensa rescatarlo

"Las acciones del mayor banco alemán se desploman hoy otro 6% en Fráncfort y macan nuevos mínimos, después de que este fin de semana el semanario Focus asegurara que Merkel no quiere oir hablar de rescate a la entidad y en el mercado volviera a especularse con la posibilidad de una ampliación de capital. En lo que va de año, el desplome es de más del 50%.

En este sentido, siguen creciendo las dudas sobre el estado de sus cuentas y de cómo va a resolver los diferentes frentes legales que tiene abiertos, incluida una posible multa de 14.000 millones de dólares (12.500 millones de euros). Aunque la canciller asegura que no habrá ayudas públicas, Deutsche Bank comienza a preocupar seriamente al establishment político alemán.  (...)

La entidad alemana lidera las caídas de los bancos europeos con unos analistas que ven insuficiente los 5.500 millones de euros que ha provisionado para afrontar sus problemas legales y la posibilidad de que tenga que ampliar capital para afrontar esa factura, algo que desde Deutsche Bank se niega.

Porque además de la investigación en EEUU sobre su papel en la distribución de hipotecas basura, Deutsche también está siendo investigada por manipulación de divisas, metales preciosos y sacar capitales de Rusia. Andrew Lim, analista de Société Générale, cree que el banco estará "significativamente infracapitalizado" aunque pudiera cubrir el litigio en EEUU. (...)

Las preocupaciones sobre el banco son globales, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya avisó a comienzos de verano que suponía el "mayor contribuyente neto a los riesgos sistémicos globales" tras suspender los test de estrés en EEUU. El año pasado la entidad perdió cerca de 6.800 millones de euros y tuvo un tormentoso arranque de año en bolsa, con una caída del 40% en menos de mes y medio. 

El todopoderoso ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, tuvo que salir en público a respaldar a la entidad, pero en el mercado resurgía el temor al Lehman Brothers europeo, un fantasma que ya recorrió los mercados en 2013. De fondo, ruido de sable sobre un posible impago de un bono, una rabieta en el mercado que Deutsche controló con un plan de recompra de deuda.  (...)

Los esfuerzos de Cryan en los últimos años por levantar un banco lastrado por su papel en la crisis financiera han incluido el abandono de las operaciones en una decena de países y una fuerte reducción de plantilla con el objetivo de controlar costes. Mientras, la rentabilidad del banco sigue sufriendo en un entorno de tipos de interés bajos. De hecho, Deutsche Bank ha criticado públicamente al BCE. (...)"                   (El Economista, 26/09/16)

Los populismos de derechas no están triunfando por sus propuestas xenófobas, sino porque centran el asunto en lo que le importa a la gente, lo material

"(...) Wien, quien modera las conversaciones, se sintió obligado a introducir una reflexión personal, que entiende clave en nuestra época. 

 Desde su perspectiva, “una parte sustancial de los estadounidenses se van a dormir asustados todas las noches: porque no tienen trabajo; o porque tienen uno pero los ingresos no les llegan para pagar todos sus gastos; o porque tienen un buen empleo pero piensan que lo pueden perder fácil, ya sea por las circunstancias en que se desenvuelve su sector o porque la tecnología les reemplazará. Sanders, Trump y el populismo en general son productos de una población insegura. Ellos sienten que las políticas de sus gobiernos les han defraudado”.

Si hay alguna idea que explique los cambios en la política reciente, es esta, porque describe de manera bastante ajustada el lugar en el que estamos: hay mucha gente cuyo nivel de vida ha empeorado, que mira al futuro con desconfianza, y cuyas perspectivas son bastante oscuras; hay muchos jóvenes que están convencidos de que su trayectoria profesional va a estar muy por debajo de lo que les prometieron; y hay demasiada incertidumbre en lo económico y demasiada confusión respecto de un mundo cuyas reglas no acaban de entenderse.

(...) las principales fuerzas de oposición, sí son nuevas (como hemos visto en las recientes elecciones europeas) y deben su ascenso a la canalización del descontento a través de opciones fuertes.

En esta atmósfera de incertidumbre, lo que se busca en la política es seguridad y pragmatismo. La mayoría de las personas aspiran a encontrar líderes que aporten las soluciones necesarias para que les saquen del lugar en el que están o que les ayuden a conservar lo que tienen. Paradójicamente, son menos dadas a confiar en las bondades de la democracia, pero demandan remedios a las instituciones con más ahínco. 

 De hecho, las opciones sistémicas basan en esto su oferta, una suerte de “dejemos de lado la política y hagamos lo que tenemos que hacer económicamente para solventar los problemas, porque el momento es grave”.

Los populismos de derechas actúan de un modo similar, prometiendo acciones contundentes (la salida del euro, el Brexit, la ruptura con el Estado central, la expulsión de emigrantes o la devolución del país a sus nacionales), pero que son necesarias para una vida mejor. 

Son fuerzas de repliegue, que se cierran sobre sí, que concentran las energías en pelear por uno mismo y por los suyos. A veces tienen que ver con un regreso al pasado a través del proteccionismo, y en otras ocasiones se basan en la sensación de que, en un mundo global, su país competirá bastante mejor si va solo y no arrastra cargas pesadas.

Pero sería mucho más práctico fijarnos en las causas que les empujan en lugar de en las soluciones que proponen. Los populismos de derechas no están triunfando por sus propuestas xenófobas, sino porque centran el asunto en lo que le importa a la gente, lo material. Si Le Pen o Trump han tenido éxito, más que por el cierre identitario, es porque han convencido a mucha gente de que van a crear puestos de trabajo restringiendo la globalización, o que van a sancionar con mano muy dura a las compañías que se lleven los empleos fuera de sus países, o porque han prometido a los agricultores que los malos tiempos van a finalizar, o por tantas otras cosas que generan esperanza entre los votantes de que, por fin, van a tener dinero y sus opciones laborales van a multiplicarse. Son propuestas que hacen que sus votantes se acuesten con mucho menos miedo, por utilizar los términos de Wien.  (...)

El gran eje de la política contemporánea no es el de derecha e izquierda, sino el que separa la ortodoxia económica, neoclásica, que siguen e imponen la UE y las principales instituciones internacionales, de quienes se oponen a su aplicación.

 Esa es la línea que diferencia lo que debe hacerse y lo que no, lo que se percibe como sensato y lo que se define como irresponsable. La continuidad o el cambio, lo sistémico y lo antisistémico, quedan establecidos a partir del lugar que los partidos ocupen en esa división.

La izquierda sistémica, los viejos partidos socialdemócratas, ha apostado por respetar la ortodoxia económica, pero eso le está complicando la vida.  (...)"                (Esteban Hernández, El Confidencial, 22/09/16)